Las estadísticas revelan que los divorcios aumentan a mayor velocidad que el número de bodas que se celebran, todo ello como consecuencia de los nuevos modelos sociales que impiden a la pareja conocerse más a fondo y aprender a convivir.
Actualmente las petición de demandas de divorcio presentadas en España en los primeros 9 meses del 2007, superaron a todas las registradas a lo largo de 2005, primer año de la aplicación de la nueva ley del divorcio Express en el país, mientras que las demandas para las separaciones matrimoniales se redujeron un 86 por ciento en este mismo periodo.
Asi mismo también se destaca en las mismas estadísticas que uno de cada cinco divorcios (el 20,19 por ciento) se produce entre parejas que llevan casadas menos de cinco años, y casi el 27 por ciento de las que acabaron su relación llevaba unida 20 años o más.
Los datos de las cifras españolas, que pueden ser perfectamente equiparables a las registradas en países occidentales y revelan la realidad de la crisis de una institución que se mantiene por una inercia de costumbres pero que cada vez es más cuestionada por numerosos colectivos.